
Hay momentos en los que oramos y esperamos una respuesta inmediata. Pedimos una señal, una solución, una puerta que se abra. Pero pasan los días y parece que nada cambia.
Y es justamente ahí donde nuestra fe se pone a prueba.
Porque confiar en Dios cuando todo sale bien es fácil. Lo difícil es seguir creyendo cuando no entendemos lo que está pasando, cuando los planes cambian, cuando algo que deseábamos no llega o cuando sentimos que nuestras oraciones no están siendo escuchadas.
Pero el silencio de Dios no significa ausencia.
Muchas veces, mientras nosotros pensamos que nada está sucediendo, Dios está trabajando en lugares que todavía no podemos ver. Está preparando caminos, cerrando puertas que no eran para nosotros, alejándonos de situaciones que podían lastimarnos y enseñándonos a tener paciencia.
Tal vez hoy estés atravesando uno de esos momentos.
Tal vez estés esperando una respuesta, una oportunidad, una reconciliación, un cambio o simplemente un poco de paz.
No necesitás tener todas las respuestas para seguir adelante.
La fe también significa caminar sin conocer todo el camino. Significa confiar incluso cuando el próximo paso todavía no está claro.
Seguí hablando con Dios.
Seguí agradeciendo.
Seguí creyendo.
Seguí caminando.
Porque quizás aquello que hoy interpretás como un “no”, mañana entiendas que fue protección. Quizás aquello que sentís como una demora estaba preparando algo para lo que todavía no estabas listo.
Dios conoce tus tiempos, tus luchas, tus dudas y también aquello que guardás en silencio.
No pierdas la fe solamente porque todavía no ves el resultado.
A veces, Dios también está respondiendo mientras esperamos. 🤍
